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EL ACTO DE MIRAR

Publicado en la revista imagen óptica Vol. 1, Oct-Dic 1999.
Dr. José Luís Merino.

La mirada constituye un gran puente de interconexión entre el universo interior y el mundo exterior; la mirada constituye en si misma, no un fenómeno pasivo sino un proceso activo y cultural con el cual en base a estímulos externos no solo construimos el mundo que nos rodea sino que es capaz de modificar nuestro yo interno.

La mirada constituye en si un acto de valor, pues la mirada es seguida por el siguiente escalón que es el entendimiento y ello lleva inevitablemente al compromiso, esencia de la libertad.

En la ceguera Histérica la falta de compromiso, actitudes dependientes y pueriles conllevan a una nula percepción inconsciente de la realidad en un estado de comodidad emocional.

En base a nuestro campo visual, podemos construir un universo interior y modificarlo; de hecho la reducción de dicho campo de visión de manera consciente es capaz de llevar a una miopía intelectual extrema, sin la belleza de explotar el sentido al máximo mediante la observación y análisis interno de las imagínese visuales y tomar las riendas de la responsabilidad que ello implica ejerciendo nuestro derecho de libertad, inteligencia y voluntad.

La mirada es capaz de desencadenar todo tipo de emociones; enojo, enfado, amor, erotismo, dolor, tristeza y para culturas milenarias el sentido de la vista, el respeto a la misma y hasta en algunas el miedo a la misma y a la ausencia de ella, ha sido una constante.

Con la mirada enamoramos, sentimos, actuamos y lanzamos nuestras ideas al espacio y cambiamos la manera de pensar de nuestros congéneres respecto a nosotros.

El mirar y comprender una pintura de Remedios varo, un fresco de Orozco, el David de Miguel Ángel o a una pareja de baile disfrutando una bella melodía de Tango, debe constituir en si un acto de humildad por parte del observador, pues mediante la humildad los prejuicios desaparecen y con ello se logra entender y aprender de la belleza artística observada. Los principales enemigos del acto de mirar son esencialmente culturales como prejuicios, egoísmos, intolerancia a la frustración personal, en si la miopía espiritual.

El mirar mas allá de lo observable debe ser lo deseable, ver donde otros no ven, dar valor a las cosas escondidas entrelíneas, pero los patrones culturales occidentales muchas veces nos limitan. Un monje tibetano, no solo ve la majestuosidad de la cordillera del Himalaya en el Norte de la india, sino que mira y observa a los seres mas pequeños y diminutos en su entorno para evitar pisarlos y terminar con una vida valiosa que aunque puede ser un insecto o una garrapata, quizá sea la reencarnación de algún familiar, luego entonces su mirada se agudiza condicionado por patrones culturales religiosos.

Nuestros casi cuarenta grados de campo visual a veces nos limitan y de no saber manejar ese campo, nuestra visión tubular nos da una percepción de la realidad distorsionada, pero ¿que es la realidad? En realidad lo que miramos ¿es la verdad? ¿el color rojo para mi tiene exactamente las mismas tonalidades que para los que me rodean? ¿Aquella montaña se ve con la misma majestuosidad para todos? Quizá no….

El greco quién pintó obras famosas como “El entierro del conde de Orgaz” y “Retrato de un caballero” dibujaba los rostros alargados casi caquécticos cuasitísicos en tonos pálidos y amarillentos, quizá su percepción distorsionada de la realidad por el Astigmatismo corneal y presencia de cataratas hacia ver las cosas así, pero por otro lado, los temas religiosos le hacían tener una percepción de su realidad en donde ángeles, arcángeles y seres de Dios, tenían rostros Rosados y redondeados, hasta regordetes, así veía el Greco yen tal caso los críticos de arte no tendrían razón de ser, pues opinarían sobre la realidad de otro, una realidad que quizá no es la realidad del observador.

El acto de mirar es luego entonces un fenómeno sumamente subjetivo y en ello radica su valor y belleza, pues aburrido y tedioso seria que todo ser humano mirara igual que otro.

Un paciente esquizofrénico como era el no menos brillante Vincent VanGogh tenia una percepción característicamente distorsionada influenciada por el impresionismo de la época y que hay José Luís Cuevas con la eterna influencia cubista y de deformidad de los rostros, sin olvidar el mundo extremo y gigantesco de los gordos de Botero, claro con esto podemos diferenciar la mirada fisiológica y fría y la mirada emocional que a pesar de ser distintas, conviven en una simbiosis vital.



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